Texto para estudio...


LA RECONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO

Por Jim Rector

 

Tal como los judíos cautivos  disfrutaron de su libertad fuera de Babilonia, muchos creyentes están regocijándose en su libertad de la Babilonia espiritual. Tal como el antiguo templo yace en ruinas, así también están las iglesias de hoy día. Tal como se ordenó reconstruir el primer templo, también en los últimos tiempos el templo espiritual será reconstruido. De la misma manera como los antiguos samaritanos interfirieron en el trabajo que Dios había mandado realizar, así también nuestros enemigos presentes y futuros tratarán de sabotear los esfuerzos del Espíritu Santo para llevar a cabo la reconstrucción del templo espiritual en nuestro tiempo. Algunos de nosotros estamos experimentando  esos obstáculos ahora mismo.

 

Quienes estamos al tanto de la verdadera información detrás de las noticias, sabemos que por años se han concebido planes para la construcción del templo en Jerusalén. El lugar más probable para tal edificación  es  el antiguo  Monte del templo, el cual fue recuperado por los judíos en la guerra de los seis días de 1967. Gran parte de los muebles y utensilios para la restauración  del culto en el templo, ya han sido restituidos y numerosas investigaciones e indagaciones sobre genealogía han conducido a ubicar a los posibles candidatos para el sacerdocio;  también se han dado clases para instruir a los levitas en el culto. Menciono estos detalles, no porque el objetivo de este artículo sea hablar sobre la posible reconstrucción de un templo en Jerusalén en la actualidad (aunque eso bien podría suceder), sino porque AHORA MISMO está sucediendo una reconstrucción del templo, y esto afecta directamente a cada creyente ¡hoy!  No estoy hablando de un edificio en el sentido físico, sino de uno espiritual, cuyo constructor y artífice es el Todopoderoso Dios. El Mesías dijo a los líderes religiosos de su época: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré” (Juan 2:19). Pero el templo al cual Él se refería era el de su cuerpo. Se trata por lo tanto, del cuerpo de Cristo, la ekklesia, a la cual  quiero referirme  en este artículo.

EL TEMPLO Y USTED

En el Nuevo Testamento, el templo es comparado con el creyente verdadero, de manera individual y colectiva. El apóstol Pedro escribió: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor. Acercándoos a él, PIEDRA VIVA, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como PIEDRAS VIVAS, sed edificados como casa [templo] espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (I Pedro 2:2-5).

Pablo se refirió a este tema en varias ocasiones en sus cartas. El escribió a los corintios: “No sabéis que sois TEMPLO de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (I Corintios 3:16.) Y también: “O ignoráis que vuestro cuerpo es TEMPLO del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (I Corintios 6:19.)

Más adelante, en su segunda epístola a los Corintios, reiteró esta verdad diciendo: “Y qué acuerdo hay entre el Templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el TEMPLO del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”  (II Corintios 6:16).

Pablo está totalmente de acuerdo con  Pedro en la comparación entre la ekklesia  y el templo espiritual. En su carta a los Efesios, Pablo  hace la siguiente afirmación: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un TEMPLO santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:19-22).

EL TEMPLO Y USTED  –  PARTE II

Al analizar la relación entre la asamblea de los santos y el templo de Dios, nuestro entendimiento se puede abrir aún más basándonos en las Sagradas Escrituras, si tenemos el deseo de escudriñar.  Por ejemplo, es muy probable que ciertos pasajes del Antiguo Testamento concernientes al antiguo templo puedan tomar un significado mucho más claro y personal para los cristianos del Nuevo Testamento. El antiguo templo de Jerusalén fue una  obra de esplendor sin igual. Según la descripción registrada en la Biblia, el templo Salomónico fue un lugar sin comparación. El valor del oro, de la plata, de las piedras preciosas y las maderas finísimas que se utilizaron en la construcción, era tan alto que si se intentara medir su costo por los parámetros actuales, sería virtualmente incalculable.

En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo habla en I Corintios 3 sobre la construcción de nuestros templos espirituales y lo hace refiriéndose exactamente a los mismos materiales que se utilizaron para el antiguo templo. Tomemos nota de este testimonio: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare ORO, PLATA, PIEDRAS PRECIOSAS, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.  Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego” (I Corintios 3:11-15).

En el altar del lugar sagrado en el antiguo templo, se quemaba incienso fino. David dijo: “Suba mi ORACION delante de ti como el INCIENSO, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde” (Salmos 141:2). En Apocalipsis 5:8 también encontramos referencia a esto: “Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las ORACIONES de los santos.” En Hebreos también se compara la oración con el antiguo sacrificio de incienso: “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, SACRIFICIO de alabanza, es decir, FRUTO DE LABIOS que confiesan su nombre” (Hebreos  13:15). Dios utiliza el antiguo templo de muchas maneras para darnos lecciones espirituales o para revelarnos significados más profundos y algunas veces, ocultos.

El templo debía ser  limpiado al final de la semana antes del inicio del sábado. Siempre me ha impactado el significado de esta práctica por lo que representa para nosotros. En la Escritura se menciona en dos apartes que un día es para Dios el equivalente a mil años (Salmos 90:4 y II Pedro 3:8). Se puede decir que los seis primeros días de la semana, equivalen a los primeros seis mil años de la existencia humana sobre la tierra; por lo tanto, la limpieza del templo al final del sexto día de la semana puede estar relacionada con cierto tipo de limpieza espiritual de la Iglesia, ¡justo antes del comienzo del sábado milenial! Esto puede parecer una especulación , pero muy bien puede ser una  interpretación real. De hecho, sabemos que la Iglesia ha necesitado limpieza en varias ocasiones. Todos los problemas que hemos vivido durante los últimos años parecen indicar que esto es precisamente lo que Dios ha dispuesto.

EL TEMPLO SE CONVIERTE EN ÍDOLO

David quería, podríamos decir que desesperadamente, construir un templo para Dios. Y dice: “Mira ahora, yo habito en casa de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas” (II Samuel 7:2). Seguramente Dios sabía que de todos modos se construiría un templo; aunque su respuesta ante los deseos de David parezca un poco desconcertante, es muy interesante a la vez que edificante: “¿Tú me has de edificar casa en que yo more?  Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo, y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra  a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: Por qué no me habéis edificado casa de cedro?” (II Samuel 7:5-7.)

El diseño del antiguo tabernáculo fue dado a Moisés e Israel, directamente por Dios, el Creador Supremo. Y aunque su mano seguramente estuvo muy activa en la construcción del templo, había diferencias entre las dos estructuras. El tabernáculo estaba basado en un diseño original del modelo celestial, el postrer templo físico no lo estaba. El tabernáculo fue idea exclusiva de Dios mientras que el templo fue primeramente idea de David (si bien Dios intervino en ello también). El tabernáculo era movible, y de hecho, fue llevado por la nación cuando ellos marchaban de un lugar a otro. El templo fue una estructura permanente (fija). La idea de movilidad y libertad en el traslado del tabernáculo mostraba un Dios de actividad constante, de movimiento, que estaba siempre presente, ¡que lideraba a su pueblo!  Por otro lado, el templo, era una edificación, bella y exquisita, de gran magnitud, pero también era trabajo de hombres, y pronto se convirtió en un objeto de adoración idolátrica. Las diferencias en la naturaleza de las dos estructuras parecen reflejar las diferencias entre el tiempo en que Yahvé gobernó más directamente sobre el pueblo de Israel y el periodo en que la gente pidió un rey para que los dirigiera. Este contraste no puede ser ignorado, y es vital que nosotros entendamos este punto, especialmente a la luz del contexto que estamos analizando aquí.

Cuando Salomón terminó su trabajo en el templo original, era una obra de arte, tal vez, la más imponente edificación que se haya construido jamás. Fue dispuesto como una joya preciosa sobre una montaña a la vista de todos. El antiguo templo tuvo un comienzo esplendoroso. Era lustroso y de gran exquisitez. David había participado en la planeación y trabajos preliminares. Salomón supervisó el proceso de construcción. El sacerdocio fue especialmente preparado para el nuevo y más elaborado servicio que sería parte de la adoración en el templo.  Había un gran entusiasmo entre todos los israelitas. Fue una época de gran alegría y motivación, y el Eterno Dios mismo participaba  en todo esto. Sin embargo, los buenos tiempos no duraron mucho. Cuando se acercaba el fin del reinado de Salomón  las cosas ya habían tomado un giro negativo. La rebelión contra el Eterno Dios causó la división del reino. Diez de las doce tribus de Israel se levantaron y formaron una nación independiente dirigida por Jeroboam en la tierra de Samaria. Judá y Benjamín y gran parte de la tribu de Leví se mantuvieron juntos y formaron el reino meridional de Judá.  Durante los siguientes 300 años la suerte de Israel (Samaria o reino del norte), y Judá fue el saqueo y vandalismo; ambas naciones dejaron los preceptos del Misericordioso Dios y le rechazaron como su gobernante. Finalmente el reino del norte fue tomado en cautiverio por Asiria hacia el año 722-718 antes de Cristo. El reino de Judá, por su parte, se mantuvo unido un poco más que Samaria, debido al riguroso mandato de Ezequías  y Josías: quienes finalmente sufrieron la derrota y la muerte porque desobedecieron a Dios. Judá permaneció más cerca de lo que fue su primer amor.

El reino del sur tuvo la distinción de poseer Jerusalén, la ciudad santa, y por supuesto, el templo o lugar sagrado. Tales posesiones en realidad condujeron a Judá, y sus clases dominantes en particular, a enorgullecerse por ser el pueblo escogido de Dios. Con el paso de los años, el templo creció en importancia mucho más allá de lo que Dios deseaba. Además se contaminó gradualmente debido a la corrupción, desobediencia y actitud de rebelión del pueblo. Sin embargo, Dios envió profetas para alertar a la nación de la destrucción inminente si no se arrepentían, lo cual no hicieron. Ezequiel en particular, conocía profecías que tenían una relación directa con la condición espiritual de los judíos, la cual en ese momento era crucial, como también, una cierta intuición en cuanto a los problemas que afectaban a la Iglesia de Dios. Este profeta fue llevado en sueños a la ciudad de Jerusalén, donde vio una increíble imagen sobre las abominaciones que fueron practicadas en el templo. Veamos lo que escribió: “Así ha dicho Jehová el Señor: Esta es JERUSALÉN; la puse en medio de las naciones y de las tierras alrededor de ella. Y ella cambió mis decretos y mis ordenanzas en impiedad más que las naciones, y más que las tierras que están alrededor de ella; porque desecharon mis decretos y mis mandamientos, y no anduvieron en ellos.  Por tanto, así ha dicho Jehová: ¿Por haberos multiplicado más que las naciones que están alrededor de vosotros, no habéis andado en mis mandamientos, ni habéis guardado mis leyes?  Ni aun según las leyes de las naciones que están alrededor de vosotros habéis andado. Así, pues, ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti; sí, yo, y haré juicios en medio de ti ante los ojos de las naciones. Y haré en ti lo que nunca hice, ni jamás haré cosa semejante, a causa de todas tus abominaciones. Por eso los PADRES COMERÁN A LOS HIJOS en medio de ti, y los HIJOS COMERÁN A SUS PADRES; y haré en ti juicios, y ESPARCIRÉ a todos los vientos todo lo que quedare de ti. Por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, ciertamente por haber PROFANADO MI SANTUARIO con todas tus abominaciones, TE QUEBRANTARÉ yo también; mi ojo no perdonará, ni tampoco tendré yo misericordia” (Ezequiel 5:5-11).

Esta gráfica descripción nos permite vislumbrar la corrupción y maldad de Judá en aquel tiempo crucial en su historia, especialmente la degeneración de las clases dominantes (reyes y sacerdotes). Alguien podría decir que esto es parte del pasado, pero yo no estaría tan seguro. Hay un antiguo postulado que dice “lo que ha sido, es lo que será”. Gran parte de la Biblia está escrita de tal manera que se encuentran múltiples significados y niveles de conocimiento muy profundos  para aquellos que escudriñan realmente en ella. Las profecías de Ezequiel contra Judá, Jerusalén y el templo, sin duda, pueden ser analizadas desde el punto de vista físico como también desde la perspectiva espiritual. Jerusalén representa la Asamblea o ekklesia para Dios. El templo, en medio de ella, representa ambas cosas: la Iglesia y también el lugar de honor reservado como morada para Dios y Su Hijo. Tanto la ciudad como el templo se convirtieron en lugares de prácticas de adoración abominables.

Los dirigentes cambiaron las leyes y estatutos divinos por aquellos que les eran convenientes y gratos al pueblo. Dios establece específicamente que ellos mancharon Su santuario – Su lugar especial de honor, y morada. ¿Nos impacta como creyentes semejante descripción?  Mirando atrás hacia la historia de  lo que hoy llamamos la “Iglesia Moderna” me pregunto si lo que Ezequiel escribió tiene una aplicación espiritual real hoy día. Si usted está enterado de todo lo que ha sucedido, y está sucediendo, en las organizaciones religiosas llamadas “Iglesia de Dios verdadera,” podrá intuir, probablemente con mayor profundidad, el contenido de la visión de Ezequiel. Dios dice que los padres devorarán a sus hijos y los hijos a sus padres. En la connotación espiritual, este tipo de cosas es bastante evidente en la Iglesia. Pablo  fue inspirado para escribir: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.  Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  Pero si os MORDÉIS Y OS COMÉIS los unos a los otros, mirad que también no os consumáis unos a otros” (Gálatas 5:13-15). La actitud de devorar al otro viene del gran adversario, Satanás el diablo, quien es descrito por el apóstol Pedro como “un león rugiente buscando a quien DEVORAR” (I Pedro 5:8). Dios mismo dice que esparcirá y mermará a los habitantes de Jerusalén. Yo les pregunto a ustedes si ha habido realmente una dispersión del pueblo de Dios en nuestros días, una merma del poder de los santos en nuestro tiempo. La respuesta es clara y arrolladora: ¡Sí, la ha habido!

Ezequiel habla más detalladamente sobre la condición espiritual de Judá, y el significado de sus palabras no puede ser pasado por alto. En el capitulo 34, versículos 2 al 6 de su libro, nos dice: “Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños?  COMÉIS LA GROSURA, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas.  No fortalecisteis  las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada,  ni buscasteis la perdida, sino que os habéis ENSEÑOREADO DE ELLAS CON DUREZA Y CON VIOLENCIA.  Y andan errantes por falta de pastor,  y son presa de todas las fieras del campo, y SE HAN DISPERSADO. Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes,  y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron ESPARCIDAS mis ovejas, y NO HUBO QUIEN LAS BUSCASE, ni quien preguntase por ellas.” Esta severa acusación tiene tremendas implicaciones, ¿no es así?  El impacto de este pasaje es  trascendental para la Iglesia de Dios hoy. Las organizaciones religiosas están llenas de pastores que sólo han buscado ganancias monetarias y poder sobre los demás. Ellos son los principales responsables de la dispersión de las ovejas ante los ojos de Dios; ¡y esto no es un juego!

Antes de adentrarnos más en la profecía, vayamos atrás por un momento y analicemos los cinco primeros versículos de Ezequiel 5.  Esta parte de la visión profética siempre ha sido aplicada a la nación física de Israel, tanto a la gente del pasado como del futuro. ¿Existe una manera espiritual de interpretar este pasaje?  Creo que si... tome nota de lo que dice, teniendo en cuenta que estamos viendo esto bajo una perspectiva espiritual de la Iglesia: “Y tú, hijo de hombre, tómate un cuchillo agudo, toma una navaja de barbero, y hazla pasar sobre tu cabeza y tu barba; toma después una balanza de pesar y divide los cabellos. Una tercera parte quemarás a fuego EN MEDIO DE LA CIUDAD, cuando se cumplan los días del ASEDIO; y tomarás una tercera parte y la cortarás con espada alrededor de la ciudad;  y una tercera parte ESPARCIRÁS al viento, y yo desenvainaré ESPADA en pos de ellos” (Ezequiel 5:1-2). El análisis de esta escritura ha tenido un enfoque superficial, ha estado dirigido a la naturaleza física y no ha sido jamás visto bajo el lente espiritual. Esta parte de la Escritura tiene implicaciones y aplicaciones espirituales. Si Jerusalén puede ser vista como una clase de Iglesia (no tanto como la verdadera entidad espiritual, sino como una Iglesia estructurada y dirigida por hombres) entonces la interpretación de esta profecía es pertinente.

Estamos hablando de los graves problemas y la dispersión  de la gente. Demuestra concluyentemente que Dios está contra la Iglesia estructurada. Habla de que la tercera parte de la población será pasada por fuego en medio de la ciudad. Esto podría referirse al  conjunto de circunstancias actuales que enfrentan grupos como la Iglesia de Dios Universal, la cual tiene aún intacta, cerca de un tercio de su membresía anterior. ¿Será ese tercio el que pasará por fuego en medio de la ciudad (organización eclesiástica)? La profecía se refiere a  otra porción que sería herida con cuchillo, y otra más sería esparcida y la espada estaría tras ellos. Esto parece coincidir con todo lo que vemos actualmente entre las diferentes “sucursales” de la Iglesia. Tome nota de que la suerte de cada una de las tres partes se cumplirá cuando el asedio a la ciudad haya terminado. ¿Qué significa eso?  Para encontrar una respuesta vayamos a Ezequiel y leamos la profecía concerniente al sitio de la ciudad propiamente: “Tú, hijo de hombre, tómate un adobe y ponlo delante de ti, y diseña sobre él la ciudad de Jerusalén.  Y pondrás contra ella sitio, y edificarás contra ella fortaleza, y sacarás contra ella baluarte, y pondrás delante de ella campamento, y colocarás contra ella arietes alrededor. Tómate también una plancha de hierro, y ponla en lugar de muro de hierro entre ti y la ciudad; afirmarás luego tu rostro contra ella,  y será en lugar de cerco, y la sitiarás. Es SEÑAL a la CASA DE ISRAEL. Y tú te acostarás sobre tu lado izquierdo, y pondrás sobre él la maldad de la casa de Israel. El número de los días que duermas sobre él, llevarás sobre ti la maldad de ellos. Yo te he dado los años de su maldad por el número de los días, trescientos noventa días; y así llevarás tú la maldad de la casa de Israel. Cumplidos éstos, te acostarás sobre tu lado derecho segunda vez, y llevarás la maldad de la casa de Judá cuarenta días; día por año, día por año te lo he dado” (Ezequiel 4:1-6).

Esta enigmática profecía habla de un período específico de 390 años. Hace varios años,  en uno de mis artículos titulado: “1997/98 – Un año trascendental”, expongo una posible explicación de este pasaje,  concluyendo tentativamente que esos años abarcan el periodo de tiempo comprendido entre la fundación de este  país (América) en Jamestown, en 1607 hasta el tiempo presente – un periodo crucial y exacto de 390 años. Si no me equivoco en esta apreciación, el sitio contra la ciudad puede ser hacia el final de este mismo tiempo. Esto por supuesto es una especulación, por lo tanto tome todo lo que estoy diciendo en ese contexto; no obstante, es un buen punto para analizar, dada la importancia de esta profecía.

Retomemos el hilo de la historia donde lo dejamos. Ezequiel había recibido la instrucción de dividir el cabello de la cabeza y barba en tres partes. Después de las instrucciones de Dios con relación a las tres partes, leemos en Ezequiel 5:3-4: “Tomarás también de allí UNOS POCOS en número,  y los atarás en la falda [alas] de tu manto. Y tomarás otra vez de ellos, y los echarás en medio del fuego, y en el fuego los quemarás; de allí saldrá el fuego a toda la casa de Israel.” Aquí vemos un remanente escondido en los pliegues de las faldas del manto de Ezequiel. En hebreo moderno “falda” significa “alas”, lo cual denota protección divina. A pesar de ser tan pequeño este remanente, algunos serán quemados por el fuego. Esto concuerda perfectamente con otras profecías y pasajes de la Biblia que hablan justamente sobre el remanente de creyentes que serán preservados. En Daniel 11:32-35, leemos: “Con lisonja seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se ESFORZARÁ Y ACTUARÁ. Y los sabios del pueblo INSTRUIRÁN a muchos; y por algunos días CAERÁN A ESPADA y a fuego, en cautividad y despojo. Y en su caída serán ayudados de pequeño socorro; y muchos se juntarán a ellos con lisonjas. También algunos de los sabios CAERÁN PARA SER DEPURADOS Y LIMPIADOS Y EMBLANQUECIDOS, hasta el tiempo determinado; porque aún para esto hay plazo.” Ezequiel va mucho más allá en su inspirado pronunciamiento sobre Judá y Jerusalén, y por ende sobre la ekklesia de nuestros días. Sin embargo, Dios dice: “Enviaré, pues, sobre vosotros hambre, y bestias feroces que te destruyan; y pestilencia [debilitamiento espiritual y físico] y sangre pasarán en medio de ti, y enviaré sobre ti espada [palabra de Dios]. Yo Jehová he hablado” (Ezequiel 5:17).

¡Qué tremenda aseveración! Tome nota sobre lo bien que encaja precisamente con lo que ha ocurrido en las diferentes iglesias. Ezequiel continúa: “Y los que escapen de ellos huirán y estarán sobre los montes como palomas de los valles, gimiendo todos, cada uno por su iniquidad. Toda mano se debilitará, y toda rodilla será débil como el agua. Se ceñirán también el cilicio y les cubrirá terror; en todo rostro habrá vergüenza, y todas sus cabezas estarán rapadas” (Ezequiel 7:16-18).

Todas estas escrituras contienen referencias que pueden ser aplicadas claramente a las situaciones y dilemas espirituales que enfrentan los creyentes verdaderos en la actualidad. En esta profecía en particular, Dios dice que algunos escaparán, irán a las montañas. En el pasaje de Ezequiel 34 ya citado, las ovejas dispersas son vistas vagando por las montañas y colinas altas, orando por las “bestias del campo”. Fue eso precisamente lo que sucedió recientemente en la corporación religiosa dirigida por  hombres. ¿Cuántos de nosotros nos dispersamos? ¿Cuántos hemos deambulado? ¿Cuántos hemos lamentado y llorado, y no solo por el desvanecimiento de las iglesias, sino por nuestros propios pecados también? ¿Cuántos de nosotros hemos sufrido en manos de falsos ministros y líderes, convirtiéndonos en  presas para las bestias del campo? ¡Las respuestas a estas preguntas son muy claras! Ezequiel continúa: “Por cuanto convirtieron la gloria de su ornamento en soberbia, e hicieron de ello las imágenes de sus abominables ídolos, por eso se lo convertí en cosa repugnante. En mano de extraños la entregué para ser saqueada, y será presa de los impíos de la tierra, y la profanarán. Y apartaré de ellos mi rostro, y será violado mi lugar secreto; pues entrarán en él invasores y lo profanarán... Quebrantamiento vendrá sobre quebrantamiento, y habrá rumor sobre rumor; y buscarán respuesta del profeta, mas la ley se alejará del sacerdote y de los ancianos el consejo. El rey se enlutará, y el príncipe se vestirá de tristeza, y las manos del pueblo de la tierra temblarán; según su camino haré con ellos, y con los juicios de ellos los juzgaré; y sabrán que yo soy Jehová” (Ezequiel 7:20-22, 26-27).

¡Qué impactante descripción de lo que muchos miembros del pueblo de Dios han soportado y experimentado en los últimos años!  No cabe duda que la profecía de Ezequiel, inicialmente dirigida a la antigua Israel, tiene gran validez y aplicación para nosotros. Ciertamente, la casa de Dios ha sido profanada espiritualmente en nuestros tiempos. ¡Ha sido entregada en las manos de extraños! Evidentemente los ladrones han entrado para hacer mercadería con el pueblo. Seguramente buscábamos un posible profeta, pero ahora nos encontramos engañados y desilusionados. ¿No se  echó a perder la ley de los sacerdotes y el consejo de los ancianos tal como Dios lo predijo? Si, definitivamente…pero aún hay más. “Me dijo después: vuélvete aún, verás abominaciones mayores que hacen éstos. Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de Jehová, que está al norte; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas ENDECHANDO A TAMUZ. Luego me dijo. ¿No ves, hijo de hombre? Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que estas. Y me llevó al atrio de adentro de la CASA DE JEHOVÁ; y he aquí junto a la entrada del templo de Jehová, entre la entrada y el altar, como veinticinco varones, sus ESPALDAS vueltas al templo de Jehová y sus ROSTROS HACIA EL ORIENTE, y adoraban al SOL, postrándose hacia el oriente” (Ezequiel 8:13-16). Me faltan palabras para expresar correctamente lo acertado que es este pasaje con relación al tiempo del fin de la Iglesia de Dios. Las imágenes y afirmaciones que surgen aquí sobre la contaminación espiritual que le ha ocurrido a los diferentes grupos de la iglesia organizada, son poderosamente descriptivas.

Estas palabras del Eterno Creador a través de Ezequiel nos muestran no sólo lo que Él pensaba de la antigua Judá y Jerusalén, sino también  lo que le ha ocurrido a Su propia casa en nuestro tiempo.  El mensaje es pertinente en ambos casos. En esencia, el Eterno está diciendo que los sacerdotes de nuestros tiempos le dieron la espalda como lo hicieron los 25 de la visión de Ezequiel. En ese caso, los hombres no sólo estaban dando la espalda a la verdadera obra del Eterno Dios, sino que también estaban adorando al dios del oriente. ¿No es una señal del ostensible debilitamiento de las leyes de Dios en la Iglesia moderna el acercarse más y más a la religión del dios sol? Lo que fue construido en tiempos antiguos para la habitación del Eterno y Misericordioso Dios, se contaminó con ídolos e imágenes paganas. Hoy, el templo también se ha convertido en un lugar de  maldad y corrupción. ¡De hecho se ha convertido en un ídolo! Los Cristianos modernos se han convertido por lo tanto, en idólatras como en la antigua Israel – ¡y Dios no lo tolerará por siempre! ¡El visible desmantelamiento de las diferentes organizaciones de la iglesia es una clara evidencia de esto!

CUANDO EL ESPÍRITU SE VA

Los capítulos iniciales de las profecías de Ezequiel  son algunos de los más informativos y cruciales en toda la Escritura. Además de todas las horribles abominaciones que Ezequiel pudo ver por iluminación, tal vez la más diciente es la que está registrada en el capitulo 11. Note el significado actual  para la Iglesia: “Después alzaron los querubines sus alas, y las ruedas en pos de ellos; y la gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos. Y la gloria de Jehová se elevó de en medio de la ciudad, y se puso sobre el MONTE QUE ESTÁ AL ORIENTE DE LA CIUDAD” (Ezequiel 11:22-23). ¿Cuál es el significado de este episodio? Bueno, primero que todo muestra que Dios estaba realmente molesto con Judá en ese momento. Cuando Él apartó su gloria del templo y se paró sobre el monte hacia el oriente de Jerusalén, era señal de que el Espíritu había abandonado el templo y también a Jerusalén. ¿Qué significa la montaña al oriente de la ciudad? ¿Por qué no otro monte diferente al de los Olivos?  Esta área en particular ha tenido un significado especial para Dios, Su pueblo y Sus propósitos. ¡Es realmente el monte del destino! Fue el lugar adonde Dios condujo a Abraham cuando le ordenó sacrificar a su hijo Isaac (Génesis 22); y le fue dicho que lo ofreciera en sacrificio en los montes de Moriah. Esa área abarcaba lo que sería luego Jerusalén, como también el monte de los Olivos.

El monte de los Olivos está directamente relacionado con el Mesías. Sabemos que Él a menudo se retiraba a lo alto de la colina en medio de los árboles de olivo. El Jardín de Getsemaní estaba ubicado allí, y fue también escenario de la pasión de Jesús, la traición de Judas Iscariote y el subsiguiente arresto del Mesías. Fue desde el monte de los Olivos que Él entró triunfante a la ciudad de Jerusalén. Fue también el lugar donde el Salvador fue crucificado, fue muerto y clavado en un madero, el mismo lugar donde los cadáveres de los animales para el sacrificio fueron puestos para ser destruidos. Por eso leemos en Hebreos 13:10-14: “Tenemos [los verdaderos creyentes] un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo. Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados FUERA DEL CAMPAMENTO. Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, PADECIO FUERA DE LA PUERTA. Salgamos, pues, a él, FUERA DEL CAMPAMENTO, llevando su vituperio; porque no tenemos aquí ciudad  permanente, sino que buscamos la porvenir.” En mi opinión, este es uno de los pasajes más reveladores de toda la Biblia, porque nos dice mucho, no sólo de lo acontecido durante el primer siglo, sino que también en la actualidad, y aún en el tiempo del fin. En el mismo se está delineando un marcado contraste entre el Mesías y el antiguo sistema levítico. Muestra que en vez de morir en la ciudad de Jerusalén, Cristo fue tomado fuera del campamento. Esta frase fue usada para indicar un perímetro de 2000 codos alrededor del templo, más allá de lo que comprendía el campamento. La cima del monte de los Olivos esta más allá de los límites del campamento. Vemos que no sólo Jesús fue crucificado fuera del campamento, sino que también nosotros, los verdaderos creyentes, ¡debemos dejar la ciudad (tipificada por la Jerusalén física, la cual es un  modelo del antiguo sistema que fue mantenido e idolatrado por los judíos; y también se relaciona con las iglesias organizadas por hombres, al presente), y soportar su amonestación fuera del campamento!

Jerusalén era considerada por los judíos como el más grandioso lugar sobre la tierra, y, de hecho, para Dios, lo era. Pero se había convertido en un lugar donde reinaba tal corrupción que el Espíritu y la gloria del mismo Dios se alejaron de allí. En el momento de agonía del Mesías en el monte de los Olivos, Dios estaba mostrando algo revelador. Jerusalén no sería más el centro donde residía la obra del Espíritu. El monte de los Olivos sería el lugar donde estaría la nueva obra de Dios que iría a todo el mundo. Jerusalén y el templo hasta sus confines, están relacionados con las iglesias modernas de los hombres, que están llenas de viejos vicios: ¡acusación, condenación, injusticia, crueldad, dureza, dobles intenciones, mentira y robo, indiferencia, política, y gobiernos indolentes!  Nosotros, que podemos ver la claridad, estamos llamados a dejar la ciudad y salir hacia donde está Dios, aceptando su amonestación – ¡y esto es precisamente lo que se percibe en la actualidad entre muchos en el pueblo de Dios!

¿Será posible que tan pronto la gloria del Señor abandonó el templo y la ciudad de Jerusalén y se posó en el monte de los Olivos, al oriente, el Espíritu Santo se alejó de las iglesias organizadas, las cuales se han convertido en máquinas de producir dinero para aquellos que están en la cúspide y prisiones espirituales para el resto de la manada? Creo que la respuesta es clara como el cristal. Imagino que para usted también. Para concluir esta parte sobre el monte de los Olivos, sabemos que éste es el lugar exacto desde el cual Cristo ascendió a los cielos y al cual retornará, tal como leemos en Zacarías 14:4: “Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur.”

Creo que el jardín original del Edén estaba ubicado en el mismo lugar donde estuvo tiempo después el jardín de Getsemaní. En Génesis 2 dice que el Señor plantó el jardín en el Edén, hacia el oriente. Si, pero ¿al oriente de qué?  Teniendo en cuenta que la mayor parte de las indicaciones en la Biblia se refieren a Jerusalén, parece muy probable que Dios plantó un jardín al oriente de lo que más tarde sería Jerusalén, la ciudad de paz. Es interesante ver que hay dos jardines importantes mencionados en las Escrituras:

CONCLUSIONES

El templo fue finalmente destruído. Las fuerzas babilónicas bajo el mando de Nabucodonosor invadieron el reino de Judá en tres campañas sucesivas, destruyendo el templo y Jerusalén hacia el año 586 A C. Si nuestra analogía sobre el templo y la Iglesia es correcta, ¡podríamos concluir que lo que le ha estado sucediendo a los diferentes grupos o iglesias en los últimos años puede ser el cumplimiento actual de lo mismo que sucedió en el primer templo!  Si esto es así, y Dios sigue el mismo patrón, el templo espiritual será también reconstruido. Recuerde que los judíos estuvieron en cautividad durante casi 70 años. Pasado este tiempo, un remanente regresó al área de Jerusalén bajo el liderazgo de Josué y Zorobabel para reconstruir el templo. Al principio, no hubo problemas, pero pronto aparecieron enemigos samaritanos (que son realmente una mezcla de israelitas del reino del norte y sus captores asirios, quienes se habían casado  entre si, y  que fueron ubicados por el rey asirio en la tierra de Samaria). Este era un grupo engañoso pues tenía algo de la verdad, pero mezclada con el error y el paganismo.

Al comienzo de la reconstrucción, los samaritanos parecían amigables y querían ayudar.  Leemos en Esdras 4:1-2, el siguiente relato: “Oyendo los enemigos de Judá y de Benjamín que los venidos de la cautividad edificaban el templo de Jehová Dios de Israel, vinieron a Zorobabel y a los jefes de casas paternas, y les dijeron: Edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscamos a vuestro Dios, y a él ofrecemos sacrificios desde los días de Esar-hadon rey de Asiria, que nos hizo venir aquí.” Pronto, los samaritanos mostraron sus verdaderas intenciones y comenzaron a sabotear la construcción del templo. Esdras continúa: “Zorobabel, Jesúa, y los demás jefes de casas paternas de Israel dijeron:  No nos conviene edificar con vosotros casa a nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos a Jehová Dios de Israel, como nos mandó el  rey Ciro, rey de Persia” (v. 3).

Finalmente los judíos decidieron hacer el trabajo solos. Esdras concluye esta parte de la historia así: “Pero el pueblo de la tierra intimidó al pueblo de Judá, y lo atemorizó para que no edificara. SOBORNARON ADEMAS CONTRA ELLOS A LOS CONSEJEROS para  FRUSTRAR sus propósitos, todo el tiempo de Ciro rey de Persia y hasta el reinado de Darío rey de Persia” (vs. 4-5). Cito esto porque si la premisa de que el templo físico es un modelo del templo espiritual, es muy significativo para los creyentes en el contexto actual. Creo sinceramente que Dios ha puesto su mano en la reconstrucción del templo espiritual, y que los trastornos, confusión y dolor sufridos por muchos hasta ahora, es una de las más claras evidencias de que tal labor se está  llevando a cabo.

Tal como los judíos cautivos  disfrutaron de su libertad fuera de Babilonia, muchos creyentes están regocijándose en su libertad de la Babilonia espiritual. Tal como el antiguo templo yace en ruinas, así también están las iglesias de hoy día. Tal como se ordenó reconstruir el primer templo, también en los últimos tiempos el templo espiritual será reconstruido. De la misma manera como los antiguos samaritanos interfirieron en el trabajo que Dios había mandado realizar, así también nuestros enemigos presentes y futuros tratarán de sabotear los esfuerzos del Espíritu Santo para llevar a cabo la reconstrucción del templo espiritual. Algunos de nosotros estamos experimentando  esos obstáculos ahora mismo.

La interferencia de los samaritanos puede ser vista desde tres perspectivas. La primera es simplemente la realidad física de su presencia cuando el templo estaba siendo reconstruido. La segunda es la realidad espiritual – de aquellos que activamente se opusieron a los santos, y a Dios mismo en la reconstrucción espiritual del templo como un todo. Y la tercera es de tipo personal. Lo que quiero decir es que hay un samaritano dentro de cada uno de nosotros – esa fuerza que se opone al trabajo de reconstrucción individual de Dios en nuestras vidas. Estos dos últimos factores son los que debemos enfrentar y lidiar con ellos eficazmente.

Aquellos de nosotros que salimos de la ciudad para ir de acá para allá en el campo, soportando las reprensiones y correcciones del Salvador, y buscando servirle con verdad y poder, encontraremos a los samaritanos en nuestras vidas. Estén en guardia y permitan que Dios los prepare ahora mismo para la batalla – en realidad, para la lucha por sus vidas. No es el momento de jugar con este llamado que hemos recibido del Padre de las luces. Algo muy poderoso está en el ambiente y está por ocurrir. ¡Va a afectar directamente a cada uno de nosotros y probará el metal de nuestro carácter y fe al máximo! Tendremos que enfrentar serios problemas más adelante, a no ser que estemos dispuestos a romper cada barrera que impide que Cristo viva en nosotros. Aún para aquellos que  han vencido esa resistencia, los tiempos que están por venir serán muy retadores y difíciles. Este es el momento de acercarnos más y más a nuestro gran Dios; buscar su rostro mientras pueda ser hallado. Invitarlo para que ilumine nuestras vidas, para que nos ayude a enfrentarnos con nosotros mismos. ¡El proceso de prueba ante Dios, es la situación más angustiante que deben enfrentar los santos en la actualidad!  Lo invito a prestarle toda su atención a este asunto.

Pero ánimo… ¡hay buenas noticias! Nuestro misericordioso y Bendito Dios no permitirá que nuestros adversarios destruyan el trabajo que Él ha hecho con sus propias manos en y para su pueblo escogido. En el pasaje citado anteriormente en Ezequiel 34, donde Dios acusa a los pastores por su laxitud en el cuidado del rebaño, también encontramos una respuesta positiva de Dios con relación a las ovejas  que están perdidas en las laderas de la colina, vulnerables, y convertidas en presas de las bestias del campo. Veamos lo que dice: “Porque así ha dicho Jehová, el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar a mis ovejas, y las reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad. Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras;  las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel por las riberas, y en todos los lugares habitados del país. En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco, allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán  apacentadas sobre los montes de Israel. Yo apacentaré mis ovejas  y yo les daré aprisco, dice Jehová, el Señor.  Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada, vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia” (Ezequiel 34:11-16).

¡Qué maravillosa profecía… nos habla de un verdadero re-encuentro de los santos dispersos por medio de la intervención de Dios! ¡Esto significa que aquellos que fueron previamente gobernados por la crueldad de los hombres ahora están sujetos directamente al Jefe pastor y obispo de todos los espíritus! Esta reconstrucción del templo espiritual está llevándose a cabo desde ya.

Es también sorprendente el hecho de que Judá estuvo en cautiverio por 70 años, desde 606-536 antes de Cristo, cuando un remanente fue autorizado para volver y reconstruir el templo. Este decreto provino del monarca persa, Ciro el Grande. Fue él, quien conquistó Babilonia en 539 antes de Cristo, y fue él quien puso fin al cautiverio  judío. Esto es muy significativo. Ciro fue un personaje histórico muy particular. Dios había predicho 150 años antes, que este hombre vendría al escenario mundial. Incluso lo mencionó por su propio nombre. Veamos cómo lo hizo: [Yaweh]...que dice a las profundidades: Secaos, y tus ríos haré secar; que dice de Ciro: Es mi pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero, al decir a Jerusalén: Serás edificada, y al templo: Serás fundado. Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán: Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce,  y cerrojos de hierro haré pedazos; y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados, para que sepas que yo soy Jehová, el Dios de Israel, que te pongo nombre. Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; te puse sobrenombre, aunque no me conociste.  Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré aunque tú no me conociste” (Isaías 44:27-28;  45:1-5).

La llegada de Ciro al escenario mundial fue un evento muy significativo. Tome nota de las palabras que Dios utilizó para describir a este hombre. Lo llama pastor de Dios, y Su ungido. Estos son términos que solamente pueden aplicarse espiritualmente al Mesías mismo. ¿Fue el rey Ciro una especie de Jesucristo? ¡Si, de hecho lo fue! ¿Estará relacionado el rey Ciro con la reconstrucción espiritual del templo? Muy posiblemente. Desde luego, el Mesías mismo cumplió esto directamente, pero también debe haber un instrumento humano que sea utilizado por Dios en esta labor. El resto del capítulo 45 de Isaías contiene algunos de los más elevados, majestuosos y sublimes mensajes en toda la historia de la humanidad!  Léalo y recuerde que estas magnificentes palabras fueron pronunciadas por Dios en conexión con su profecía sobre Ciro y la reconstrucción del templo y la ciudad de Jerusalén.

¿Por qué los invito tan vehementemente para que lean el resto de este capítulo? Porque es allí donde Dios se revela como el campeón de Su pueblo y el benévolo Benefactor de aquéllos que le temen y sirven.  Cuando uno lee estas palabras no puede menos que sentirse movido por la determinación del Eterno Dios para finalizar el trabajo que ha comenzado con cada quien. Por otro lado, es muy importante tomar nota del momento en que el rey decretó que el remanente de judíos regresara a su tierra natal y reconstruyera el templo. ¿Quién los guió en este gran esfuerzo? ¿Por qué ninguno otro que Jesúa y Zorobabel? Es muy significativo que Jesúa es el nombre verdadero del Salvador (en hebreo Yahshua). Tal y como Dios llamó a Josué, el hijo de Nun, para llevar a Israel a la tierra Prometida, así también Él escogió al segundo Jesúa para llevar al remanente de regreso y reconstruir el templo. En ambos casos, el Mesías está claramente tipificado, y podemos estar seguros de que la reconstrucción del templo espiritual como quiera que sea vista, desde la perspectiva de la ekklesia como un todo, o desde la posición del creyente individual, podrá ser terminada en nosotros por Cristo, nuestra esperanza de gloria.

Cuando los antiguos samaritanos impidieron a los judíos su labor, hubo un cese del trabajo en el templo. Esto no fue del agrado del Eterno y  Todopoderoso Dios, porque ello quería decir que el pueblo no estaba realmente confiando en Él, en Su poder y protección, sino en ellos mismos. Podemos esperar los mismos problemas en la reconstrucción espiritual del templo por venir, y las mismas actitudes entre el pueblo de Dios hoy. Tendremos que estar fortalecidos por el Señor en los próximos meses y años para resistir las acometidas impetuosas de los samaritanos modernos que tratarán de socavar y destruir lo que el Eterno Dios está llevando a cabo en y a través de Su pueblo escogido. Dios no se ofendió solamente por esto, sino también porque se intentó frustrar sus planes para Su pueblo. Él quería que el templo fuera reconstruido, y por eso envió a los profetas Hageo y Zacarías para exhortar al pueblo. Por estos días, los judíos habían comenzado a hacer lo que a sus ojos era correcto. Note lo que Dios dice a través de Hageo: “Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: Este pueblo dice: No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada. Entonces vino palabra de  Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: ¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?  Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos... Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová. Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo, ¿Por qué? Dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa. Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo, y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios” (Hageo 1: 2-5, 8-9, 14).

El valor espiritual de este pasaje de la Escritura  es indiscutible, y claramente es válido para la gente escogida en el tiempo presente. La misma advertencia es para nosotros hoy. Somos nosotros quienes debemos evaluar nuestros pasos, y somos nosotros mismos quienes debemos dejar a un lado nuestra propia obra, y prestar especial atención al  Eterno Dios de los ejércitos. Somos nosotros los que debemos ser movidos por el Espíritu para volver nuestra mirada hacia el verdadero Gran Sacerdote –  el Josué  original o Yahshua  –  y permitirle que nos guíe en la reconstrucción espiritual que debe ser terminada. Dios está esperando ahora mismo, tal y como lo hizo  en los días de Jesúa y Zorobabel. ¿Qué tanto podemos esforzarnos para hacer las cosas como Dios quiere que las hagamos?  Lo que la Iglesia necesita ahora es una poderosa dosis de visión espiritual, perspicacia y discernimiento. Necesitamos percibir la mano de Dios en nuestras vidas y en el esfuerzo para la reconstrucción que está en proceso en este momento.

Y lo verdaderamente crítico en todo esto es que el tiempo apremia, mis hermanos. ¡Quiera Dios humillarnos y formarnos como utensilios efectivos para Su divino servicio, para que seamos la herramienta correcta en Su mano de alfarero para la reconstrucción genuina del templo espiritual!

(Nota: el nombre Jesúa (Esdras 4:3) es igual a Josué que aparece en Hageo y Zacarías.)

 


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